No quiero ser de la Generación Basura

Artículo publicado en La columna de http://www.humanvision.es ,Julio 2008

He tomado este frase de un alumno que desde sus viseras expreso con total honestidad, la honestidad que les caracteriza, lo que a día de hoy siente frente a la descripción y caracterización que se esta haciendo desde muchos medios, empresas, y personas de la llamada Generación Y.

Una generación a la que se le está etiquetando de forma negativa, vacía, superflua. Basta con mirar algunos estudios, reportajes, artículos y opiniones para encontrar frases como: “No sólo provocan conflictos generacionales”, “ pero hay quien ve en la generación Y un grupo humano con valores positivos”, “ Los jóvenes españoles son hedonistas y contradictorios”,“ No están comprometidos con el trabajo, lo quieren todo fácil”, “No conocen el esfuerzo, solo piensan en su ocio”, “ Un estudio destaca que la juventud es cada vez más inmadura e irresponsable” etc, etc.

La lista de connotaciones negativas es interminable y por lo mismo cuestionable, en términos de que da la impresión de que la generación Y se convierte en el chivo expiatorio de una sociedad que se resiste al cambio, y a aceptar que a día de hoy las personas pueden elegir cómo viven su vida, dónde y cómo trabajan, cómo viven su ocio, a quién creen y a quién no. Una generación que va con sus palabras y demandas de frente y al parecer eso a algunos incomoda, molesta.

Como afirma Álvaro Pérez en su libro Graphic Generation, en muchos de estos informes a cuestionar hay denominadores comunes que de forma encubierta o no dan cuenta de una generación “…. Narcisista, egocéntrica, pragmática, egoísta, descarada, traicionera, mediocre, ignorante, suspicaz, sin capacidad de esfuerzo ni de trabajo, y con una ausencia total de talento”

El artículo que hoy voy a compartir con vosotros tienen que ver con cuestionar este estereotipo negativo que a día de hoy se esta generando sobre la generación que es y será uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad en el corto plazo y quienes nos permitirán seguir avanzando adaptándonos a los rápidos cambios del entorno.

Hablo de la tan nombrada Generación Y y de las que vendrán.

Jóvenes generaciones, tan diferentes y tan valiosas como las anteriores.

Si las palabras crean realidades y significados, si en la construcción de la identidad de las personas influye su entorno y la imagen que este entorno proyecta sobre lo que aparentemente somos, no me extraña que en algunos informes de un tiempo a esta parte se esté detectando una serie de autoatribuciones dadas por los propios jóvenes que yo catalogaría como preocupantes, en cuanto nos habla de una identidad asumida y reflejo de lo que se dice … pero que ¿Realmente responde a lo que ellos son?…

Quiero hacer una mirada hacia atrás y citar el informe Jóvenes Españoles elaborado el año 2005, sobre una muestra de 4.000 personas con edades comprendidas entre los 15 a 24 años. Este estudio mostraba que los rasgos que ellos mismos se atribuían como característicos a su grupo eran : “consumistas, pensando solo en el presente, egoístas, con poco sentido del deber y del sacrificio”. Además este estudio daba cuenta de la presencia de una baja autoestima observando que los jóvenes se atribuyen un mayor número de rasgos negativos que positivos.

Me gustaría detenerme un momento en estas atribuciones y contrastarlas con vosotros:

Cuando analizamos estas características podemos observar que las mismas encajan con la descripción que se hace de las nuevas generaciones al compararlas con generaciones anteriores a las cuales se les atribuyen características más positivas como pueden ser la lealtad al trabajo, el esfuerzo y sacrificio, etc.

Pensamos que más que responder a lo que ellos son en realidad, responden una vez más a la lectura que uno puede hacer de si mismo dentro de un contexto que les ha atribuido esta identidad en comparación con generaciones que han respondido a otras realidades sociales y laborales. En este sentido cabe destacar que tanto en este estudio como en otros aparecen aspectos que nos hacen cuestionar esta “autoimagen” como algo que emana de ellos y responde a su esencia. Pensamos que esta caracterización responde a una identidad otorgada, asumida pero no construida con sus propias palabras, desde su propio lenguaje.

El contexto en el que crecen y sus características

Es imposible hacer un análisis de una generación para poder comprender sus características sin considerar el entorno en el que esta generación ha crecido. Nacieron entre ordenadores, comunicaciones, actividades extraescolares, escándalos éticos empresariales y manipulaciones políticas, un entorno en el que estudiar y esforzarte no te asegura poder comprarte una casa, ni tener el sustento para mantener una familia, crecieron aprendiendo una forma de hacer las cosas que a la hora de utilizarla ya estaba obsoleta, tuvieron que buscar herramientas fuera de las aulas y aprender al mismo tiempo el lenguaje del mundo académico y el del mundo de las tecnologías, del cambio, de la inmediatez. Aprendieron que el tiempo era un recursos escaso, aprendieron que la vida era para vivirla al máximo, crecieron en un mundo en el cual sus padres los escuchaban más de lo que quizás lo hicieron sus abuelos con sus hijos, un mundo en el que podían opinar y cuestionar desde pequeños y que incluso en algunos casos tuvieron la responsabilidad de decidir sobre sus hermanos por que sus padres trabajaban.

Muchos de ellos pudieron disfrutar de un 20% del tiempo de sus padres, aceptando que el 80% era del trabajo. A día de hoy, cuando pueden elegir, el lugar que le otorgan a las relaciones cercanas es fundamental para su desarrollo, constituye el pilar básico de equilibrio y autorrealización. Si analizamos los significados que esta generación da cuenta en otros estudios podemos señalar que la familia y los amigos – estos últimos como casi una extensión de la misma- aparecen asociados a palabras como honestidad, ternura, transparencia, cercanía, compromiso, apoyo, solidez.

Han crecido y se han desarrollado aprendiendo a valorar el tiempo de ocio. Muchos de ellos debido a que sus padres no tenían tiempo tuvieron que asistir desde pequeños a cursos de verano, deportes, actividades extra escolares, etc. La valoración que hoy hacen del tiempo libre, tiene que ver con lo que han aprendido, han aprendido la necesidad del desarrollo integro de las personas, la importancia del equilibrio que no se consigue sólo trabajando, la importancia de poder compartir su tiempo con los que quieren creciendo ellos y haciendo crecer a otros.

Crecieron en la era del cambio constante, las nuevas tecnologías y la rapidez con que lo que ayer fue una novedad en unas horas ya es pasado. Han aprendido que la vida tiene un límite y el mañana no puede comprarse por nadie, la promesa de juventud eterna y tiempo eterno no es tal.

Aprendieron a valorar lo que pueden aportar, a exigir, a decir lo que piensan, comprendieron que el compromiso no pasaba por la lealtad ni la fidelidad sino por una relación recíproca en la que no existe deuda por que hay un ganar-ganar de ambas partes, una relación en la que se elige por que se quiere y no por que se debe.. – “algo-.
Quieren formar parte de un proyecto, pero de un proyecto con sentido en el que ellos construyen, crean y se desarrollan. Un proyecto en el que valoran su talento, los escuchan y son respetados en su individualidad.

Las nuevas generaciones ya no se creen en la publicidad engañosa, quieren transparencia, quieren información para poder elegir y la manipulación es un arma arcaica que es cuestionada y enterrada, un arma demasiado concreta para jóvenes cada vez más concientes de su capacidad de elegir, de su poder interno y de sus necesidades.

Con respecto a las normas y valores, los jóvenes de hoy sienten que en la vida privada el respeto a la individualidad debe primar, cada uno debe ser quien define sus propias normas y sus decisiones como en el caso de la fidelidad por ejemplo se debe basar más en lo afectivo-emocional que en lo legal, lo económico, o la presión social.

Hablamos de una generación que elige desde dentro, desde sus propias normas y valores, dando cuenta con ello posiblemente de la existencia de un locus de control interno que nos habla de personas que no dependen de una norma externa para decidir.

Aquellos comportamientos con consecuencias colectivas negativas tienen menor justificación para los jóvenes.

Hablamos de una generación que no deja pasar el doble mensaje, que no se conforma con la imagen, que cuestiona la apariencia si esta no tiene contenido real, que se ha cansado de la hipocresía y no tiene temor a decirlo. Una generación que se atreve a arriesgar, menos sujeta al qué dirán, más respetuosa con la diversidad, individualidad y con las formas vivas.

A día de hoy muchos cuestionan su falta de valores, yo hoy me pregunto si esto no responderá a una adaptación a una sociedad en la cual la incoherencia entre lo que decimos y hacemos abunda, pensemos en el ejemplo que hemos dado… ¿Realmente hemos sido un buen ejemplo de esos valores que supuestamente esta generación debería tener?. Yo creo que los tienen, pero estos no van disfrazados de lo políticamente correcto, ni de lo esperado, no están modulados y eso es quizás lo que muchas veces choca o incomoda…

Pienso que en esto mismo esta la posibilidad de generar una sinergia con las anteriores generaciones, el poder del equilibrio de estos nuevos valores con los de siempre están en la relación, en lo que cada generación puede aportar. Tenemos la suerte de convivir en una misma plantilla personas muy diferentes, algunas orientadas a la tarea, leales, otras orientadas al riesgo, con capacidad de respuesta rápida, ese sí puede ser un buen lugar para construir un equilibrio real… tan real que no nos hace estar tan lejos en algunas de las cosas que buscamos en el trabajo, equilibrio, calidad de vida, desarrollo profesional y personal, buen ambiente entre compañeros… ¿Por qué destacar las diferencias desde la falta si en el fondo nos parecemos y nuestras diferencias radican en una adaptación al medio en el que hemos crecido?… la generación Y representa la posibilidad de adaptarnos a los nuevos tiempos y un chorro de energía y empuje de emprender que nos permitirá crecer como sociedad.

Recordemos que según un estudio realizado por consultora sueca Kairos Future sobre una muestra de 22.000 jóvenes de 12 países europeos- . Los jóvenes españoles destacan frente al resto de Europa por un marcado espíritu emprendedor. Hablamos de que un 82% de los españoles menores de 30 años contemplan la posibilidad de crear su propia empresa.

Con respecto a este dato, te invito a preguntarte, ¿Que haría falta crear y generar en nuestras compañías para que ese potencial enorme quede dentro?, ¿Qué haría falta para que esos jóvenes con iniciativa, capacidad de innovación y orientación al riesgo sientan que vale la pena pertenecer a una gran corporación y decidan desarrollar su talento dentro de la misma?…

Si aún te quedan dudas sobre lo que la Generación Y puede aportarte, hoy quiero preguntarte desde la máxima honestidad que te permite tu silencio… ¿Cuántas veces quisiste cuestionar lo que tu jefe decía y no lo hiciste sólo por que era tu jefe?, ¿Cuántas veces te quedaste “trabajando” en la empresa hasta las tantas por que había que quedarse?, ¿Cuántas veces te callaste ante situaciones que desde tu punto de vista sentías como injustas?, ¿Cuántas veces sentiste que la forma en que se hacían las cosas no era la mejor pero como siempre se habían hecho así eso no se podía cuestionar?, ¿Cuántas veces pensaste en lo difícil que era conseguir personas que te dijeran lo que pensaban de verdad?, ¿Cuántas veces te desesperaste por la lentitud de las respuestas en tu organización? , ¿Cuántas veces como responsable de selección, desarrollo, pensaste en lo difícil que era conseguir perfiles orientados al logro, dispuestos a arriesgar, con capacidad de respuesta rápida?, ¿Cuántas veces te preguntaste por qué sólo podías dejarte el pelo un poquito más largo en vacaciones y lo mismo con la barba de día?, ¿Cuántas veces te preguntaste por qué tu ropa de diario tenía que ser tan diferente a la que usabas en el trabajo?…. seguro que a ti te nacen más preguntas que a mi.

Nadie es perfecto, y la generación Y no es una excepción a esta afirmación… ahora el desafío y la pregunta que quiero dejarte es qué puedes hacer tú como jefe, colaborador, empresario para aportar equilibrio sin quitar espontaneidad y el valor que esta generación en conjunto con las anteriores puede traer.