Matar al Toro

Hace ya casi 10 años que llegue a España, llegue en tiempos que hablaban de prosperidad, de crecimiento y créditos inagotables. Tiempos en los que la asignación de préstamos personales de seis cifras te llegaban sin haberlos pedido junto a tus informes bancarios, tiempos en los que se enseño a la gente, sin mucho esfuerzo, a creer que la hucha no terminaba de agotarse. Fueron tiempos en los que también se invitaba a la gente a firmar la entrega de sus ahorros de toda la vida asegurando que podrían sacarlos cuando quisieran, prometiendo a cambio grandes ganancias. Fueron tiempos en los que el capitalismo cegó nuestros ojos y se alimento de nuestros vacios para hacernos creer que así tendríamos más seguridad, más estabilidad, más riqueza…para ser ALGUIEN que podía tener ALGO que a su vez te hacía creer que eras ALGUIEN…

Fueron tiempos en los que mi propia búsqueda me trajo a estas tierras, tiempos de origen, de re-construcción, de querer crecer y entender. Tiempos en los que me di el espacio de conocer desde la cabeza y el corazón vuestra cultura, una cultura al final nuestra, tan nuestra que durante estos 10 años me di en cuerpo y alma a mi trabajo por una sociedad mejor, más humana, donde las personas fueran el centro. Fue en esos tiempos cuando descubrí la riqueza de vuestro país, el valor de la diversidad de costumbres, idiomas, sabores, olores, paisajes y gente. Y viaje, y ame , sí, ame, la hospitalidad de los vascos y el corazón noble de los mismos, las ganas de ser mejor de los barceloneses y su invitación a la modernidad, la lealtad de los madrileños, la sencillez de los cantábricos , la espontaneidad de los andaluces, la fuerza y bondad de los manchegos, la tranquilidad de los baleares, la humildad y entrega de los gallegos. Y me emocione en la alhambra, igual que lo hice en la catedral de la Almudena, o en el Palacio Real…porque más allá de los RE-presentantes, para mi vuestra historia se hacía PRESENTE en símbolos, en vuestra raíces, las de la historia, no la que habla de la interpretación que se ha dado a esos símbolos como dominación, renegación o lucha según a quien le convenga hoy, si no la del origen, VUESTRO ORIGEN, un origen diverso y por tanto de gran riqueza.

Fue en estos tiempos cuando comencé a conocer vuestra historia, tiempos de bonanza en los que a pesar de ello “las sopas de cebolla” se hacían presentes en vuestros discursos, ahora actualizadas y representadas en el agradecimiento de poder vivir, tener trabajo, techo y alimento, agradecimiento que a veces bordeaba la invitación a la conformación de quien ha vivido en falta o de quien se ha visto obligado a renunciar a sus propios recursos internos, a su voz. Y pude entender y abrazar el dolor que estas frases enunciaban, fueran de un lado o del otro, porque al final las mismas representaban experiencias y vivencias que ni yo ni nadie tiene derecho a deslegitimar ni a negar.

Y podía escuchar las sopas de cebolla aún luego de tantos años cada vez que alguien daba las gracias por tener algo …”algo de lo que agarrarse” y podía ver las sopas de cebolla y el miedo cada vez que alguien buscaba la seguridad de un puesto de trabajo a cambio de su vida, sí su vida, de sus deseos y de su voz.

Fue también en esos tiempos cuando descubrí que el humor español a veces disfrazaba la queja , la insatisfacción , las ganas de un país mejor, la frustración e incluso el dolor. Y descubrí el rojo de la fuerza de vuestra bandera y en la misma a su vez el amarillo del sol, y descubrí la fuerza del Toro como símbolo impreso incluso en la “identidad” legitimada y plastificada de quien reside en este país.

Y viví estos 10 años intentando hacer que el TORO se abrazara a si mismo que comenzara a valorarse para darse cuenta que el único camino no estaba en la lucha con otro, tarea difícil cuando le han enseñado tanto a nivel de ritos, discurso e historia que lo que tiene que hacer es SOBREVIVIR entre abusos , cuando le han enseñado que el valor y triunfo se tiene en la medida que existe otro sometido, cuando le han enseñado que la dominación-sumisión es el camino de la vida, cuando le han enseñado que la identidad se construye desde el sometimiento del otro, castigando a otros – a veces espejo de sus frustraciones-. Una enseñanza que lamentablemente normaliza este patrón en nuestras relaciones y normaliza a su vez una política perversa que somete , abusa y confronta con tus iguales y que de por si, a pesar de que hablamos de un solo país reman para MATAR AL TORO, infantilizarlo, hacerlo dependiente y hoy en extremo cosificarlo.

Y hoy el Toro se debate en su propia plaza, hoy el toro y el torero salen de la plaza para hacer real su mensaje en nuestra política y en nuestra sociedad, hoy podemos ver con más claridad que el torero y el toro tienen la misma sangre, y realmente siempre la tuvieron, porque más allá del arte que algunos ven en esto, simbólicamente una y otra vez el acto de dominación era con nosotros mismos, matar a un símbolo nacional que nos representa, un símbolo que representa nuestra propia fuerza. Y mataron la fuerza en rito reforzando el discurso del sometimiento, y así desde la historia no dejaron de repetirnos que eran conquistadores para nunca más dejarlos salir de ahí…de ese lugar que te aleja tanto de ti mismo y de tu valor real que te hace creer que necesariamente tienes que estar por encima o por debajo de alguien para ser algo.

Y nos dividieron tanto desde la historia y hoy en la política que aún seguimos jugando este mismo juego, aún cuando la plaza es una, cuando la sangre que puede ser derramada es tu sangre, si tu sangre, la sangre de tu pueblo, igual que la del Toro, TU TORO.

Y nos repitieron tanto el juego que estando ciegos aprendimos muy rápido a reforzar nuestra identidad tomándola prestada de alguien que dejamos por debajo o por arriba – ignorando y deslegitimando nuestros propios recursos y confianza -. Al final es lo que queda cuando te han enseñado a vivir gran parte de tu vida MATANDO A TU TORO, tu fuerza interior, tu autonomía, tu voz. Es la inmovilidad que queda cuando con ello también han matado por tanto en algunos la posibilidad de pensar que podían construir un mundo distinto.

Por eso comprendí la pasión por el futbol y como eso podía uniros, y por eso comprendí vuestra envidia, agresiones, el discurso extremo en ideologías y posturas que dividen en vez de la busqueda de soluciones, el vivir el día a día, el conformismo, el miedo y tanto más. Por eso entendí que a veces el toro al que le han repetido tantas veces que tiene que dar las gracias por vivir hoy terminara haciéndolo, por eso comprendí el por qué la competencia era una amenaza y al mismo tiempo un aliciente, por eso comprendí la inmovilidad ante los abusos, por eso hoy pienso que lo fácil es decir que el toro tiene lo que se merece, que lo fácil es decir que el Toro es analfabeto, que no entiende, que es subnormal, que por eso no reacciona…

¿Puede un Toro dolido pensar y sentir con claridad?, ¿Puede un toro ser autónomo y conocer sus recursos cuando por años lo han adormecido dándole la comida en la boca y diciéndole que tiene que comer sin rechistar?

El día que abrace al Toro entendí que yo y muchos otros al igual que él habíamos sido víctimas del lenguaje de la dominación-sumisión en el camino de intentar construir nuestra identidad. El día que abrace al Toro volví a sentir el proceso lamentable que se genera cuando aprendemos que la construcción de nuestra identidad y amor propio debe basarse en la obligada y violenta dominación de otro, aprendiendo con ello a pedir permiso para vivir, para respirar, para SER, convirtiéndonos en otro que tiene miedo a demandar sus derechos, a expresarse, a ser libre. Otro que a veces puede llegar a matar justamente porque antes ya sintió amenaza y violentada en algún grado su vida, su esencia.

Y hoy el Toro no puede ver como sostiene esta economía a través de su trabajo e impuestos, y hoy no puede ver que la real batalla pasa esta vez por no Torear si no por cortar el ruedo para crear otros nuevos. Porque el gran Torero como muchos de los anteriores no administra, hoy dirige, obliga, mal gasta, roba, abusa. El gran Torero no sabe de otra cosa que de su propia vida, entiende que la superación de esta crisis pasa por beneficiar a sus amigos, por cruzarse de brazos ante el miedo que generan los mercados y los lobbys que los sostienen. El gran Torero es un incompetente, incompetente por no tener el valor de reconocer que desde su corta mirada no le queda otra que hundir a su pueblo para beneficiar a unos pocos, vender el país a quienes no quieren más que esclavos. Es un incompetente porque prefirió la CORRUPCIÓN y a su vez olvidó que los políticos están para representar a la ciudadanía y dar respaldo a sus necesidades. Es un mediocre porque se alumbro con el poder…externo y no CONFIÓ EN SU PUEBLO. Hoy nos enfrentamos a un escenario en el que son pocos los que están saliendo bien de esta crisis , aquellos que sostienen que el modelo neoliberal en extremo será lo mejor… para ellos, mientras los toros comienzan a observar una orientalización de sus ojos, hoy ya rasgados de tanto esfuerzo y abuso, quizás un anuncio de lo que una vez más asumirá callado, sin rechistar, o quizás también lo que lo ayudará a despertar.

Porque sigo pensando que el día que abrace al Toro no sólo encontré mi fuerza, también descubrí la tuya. Hoy el toro tiene el gran desafío de conquistarse y valorarse a si mismo, sólo desde ese lugar, desde ese abrazo re-encontrara su fuerza para dejar de mantener un sistema cuya violencia institucional ha pasado los límites de muchos derechos humanos que afectaran no sólo a esta generación sino también a las que vendrán.

¡¡¡¡¡¡¡Fuerza España, fuerza amigos!!!!!

3 comentarios en “Matar al Toro

  1. Creo que has dado justo en el clavo. Siempre me ha parecido curioso que siendo de fuera nos puedas leer tan bien. Aunque es verdad que a veces para “ver” las cosas hay que tomar distancia. Leo estas líneas descubriéndome en ellas, pero con cierta sensación de contrariedad, al no verme sorprendida por ellas!!! Y es que en el fondo, siempre hemos sabido esto. Lo que ocurre que no encontramos nuestro interruptor para hacer click y cambiar las cosas. Gracias a gente como tú podemos empezar a saber por dónde comenzar a buscarlo.

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