Chile: Hablemos de Evolución, Liderazgo, economía y Desarrollo humano

cropped-cropped-definitivo-3.jpgEn los últimos años Chile ha dado signos de una transición que cada día parece acercarnos más al ideal construido sobre lo que significa un país desarrollado. Nuestro país aparece como un territorio con una economía emergente, con altos índices de inversión extranjera y generación de emprendimientos. Estamos dentro de los primeros lugares del ranking mundial de libertad económica que publica la Fundación Heritage, en conjunto con el Wall Street Journal. Con respecto a la inversión extranjera, somos el segundo país de Latinoamérica que más inversiones recibe y según un ranking de la revista Forbes del 2011 somos considerados el mejor país de América Latina para hacer negocios. Junto a ello, si consideramos las tendencias de las inversiones en el mundo, nuestra ubicación dentro de las economías de mayor atracción de IED a nivel global nos hace ocupar el puesto número 17, según el Informe Mundial de Inversiones de la UNCTAD. . Por otro lado, en el informe del Banco Mundial (BM) “Doing Business 2013: regulaciones inteligentes para Pequeñas y Medianas Empresas”, Chile aparece en el lugar 37 de 185 economías evaluadas sobre las facilidades que dan al hacer negocios.

Todos estos datos de posicionamiento y tendencias económicas hablan de un futuro de crecimiento para nuestro país, sin embargo, no podemos perder el norte, porque los mismos contrastan tremendamente con otras estadísticas que nos hablan de empeoramiento del bienestar emocional del ser humano y aspectos que pueden influir en el mismo. En este sentido, destaco el informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que señala que Chile está entre los países con mayor desigualdad junto a México, Turquía y Estados Unidos, como también el hecho de que se ha observado que en Chile en los últimos 15 años las tasas de suicidio han tenido un aumento creciente, un 55% entre 1995-2009, siendo el país de la OCDE donde más han aumentado dichas tasas, sólo superado por Corea del Sur. Con respecto a esto, cabe destacar que en los últimos 10 años, Chile ha duplicado la tasa de suicidio adolescente. En este sentido como afirma el psicólogo Álvaro Jiménez “En el caso chileno, un factor clave para entender estas variaciones está dado por los procesos acelerados de modernización y de crecimiento económico durante los últimos 20 años, acompañados por modificaciones importantes en el mercado del trabajo (flexibilización, precarización). Estas transformaciones han producido un contexto social que puede ser caracterizado como de alta incertidumbre y vulnerabilidad. Por lo tanto, si bien se trata de un fenómeno individual que debe ser considerado en la singularidad de cada historia de vida, el suicidio no es simplemente una respuesta frente al impasse (físico y psíquico) que produce el sentimiento de ser desbordado por un sufrimiento insoportable. El suicidio está asociado también a un “modelo” de desarrollo: existe una alta y significativa correlación entre el número de suicidios, el aumento del PIB y los niveles de desigualdad en Chile desde los años 80. Dicho de otro modo, a mayor crecimiento con desigualdad, mayores tasas de suicidio”

Ante un escenario de contrastes de este tipo y considerando que estos síntomas no son exclusivos de nuestro país, llega el momento de reflexionar sobre las palabras del economista chileno Manfred Max-Neef , quien señala que “la perversidad de la economía neoliberal radica en que “no entiende el mundo y, además, los seres humanos son irrelevantes. Lo relevante son los indicadores macroeconómicos, el PIB… lo que le haya pasado a las personas no importa”. Palabras que, aunque suenan duras, nos invitan a preguntarnos qué vamos a entender por desarrollo y más hoy cuando todas estas estadísticas anteriores se están dando en un escenario en el que existe un debate intenso sobre lo que entiendo como los principios que marcarán el curso de nuestro país en las próximas décadas.

Es en este escenario donde es importante comenzar a reflexionar sobre el tipo de liderazgo que queremos y necesitamos para que nuestras empresas y país sean ejemplo y se sitúen como impulsores de nuevos modelos económicos que promuevan la evolución de nuestras sociedades y por tanto de las personas que la componen. En este sentido, si vamos a hablar de un liderazgo orientado al fomento de un país desarrollado, debemos partir por preguntarnos qué estamos entendiendo por desarrollo porque en muchos países que llamamos desarrollados este modelo está implicando una sintomatología que, a mi parecer, es grave; agotamiento y sobre explotación de recursos naturales, disminución de la tasas de natalidad, aumento del envejecimiento de la población, aumento de la desigualdad social, aumento de patologías físicas y mentales, aumento de los grupos de exclusión, aumento de suicidios, desvinculación y tendencia al individualismo, entre otros.

Creo que estamos en un momento en que ya tenemos claro que no todos los caminos no llevan a Roma, y por muy Roma que sea no significa que en los tiempos actuales sea lo mejor ni el único camino que nos llevará a ese lugar que queremos aquellos que abogamos por sociedades sostenibles desde lo humano, aquellos que abogamos por un desarrollo real que ha comprendido que un sistema económico sostenible implica hacer un giro desde la mercantilización de la vulnerabilidad humana a sociedades que potencien el bienestar y desarrollo interno.

En este camino al desarrollo, es importante reflexionar que hoy tenemos sociedades que creen en su capacidad de transformar el cauce de la naturaleza para generar riquezas y desarrollo (externo) pero dudan , no conocen o temen, en muchos casos, la capacidad de conocer y transformar el mundo que tienen más cerca, el propio, su sí mismo (interno). Sociedades en las que conocemos y aprendemos la historia de nuestros países pero no conocemos ni sabemos como explorar nuestra historia personal y el impacto de la misma en la forma en que se estructura la sociedad y en la posición que asumimos como sujetos u objetos, en la elección de los caminos que tomamos en nuestra vida personal y profesional, en la forma en la que nos relacionamos con nuestro si mismo y entre nosotros – forma de vinculación afectiva- , como también, en la manera en que nos posicionamos ante la autoridad o ejercemos la autoridad.

Tenemos un gran pendiente , construir el camino para poder aprender a escucharnos, a re-conocernos , a orientarnos hacia la facilitación del desarrollo de nuestro si mismo y del otro, hablo de sociedades de respeto , de aquellas que no cosifican al ser humano al transformarlo en un recurso, como tampoco ven en las crisis su única forma de evolución.

Pensar en nuevos escenarios sociales y económicos es urgente si por un lado consideramos las características de los tiempos actuales y el efecto de las mismas en las próximas generaciones, como también si consideramos el efecto que diversas investigaciones nos estan mostrando como la publicada en la revista British Journal of Psychiatry que da cuenta que 10.000 personas en Norteamérica y Europa entre 2008 y 2010, se han quitado la vida como consecuencia de los recortes, observándose a su vez que el suicidio, comienza a tener el podio en muchos países, posicionándose como la primera causa de muerte externa. Esta necesidad de hacernos cargo del mundo en que vivimos y transformarlo se hace aún más urgente si consideramos las crecientes tendencias mundiales a depresión y suicidio en los jóvenes lo cual nos invita a pensar que algo no estamos haciendo bien.

En este sentido, creo, que si no tomamos en serio las cifras anteriores, nos estaremos equivocando, porque no se trata de llevar a extremo el discurso de Darwin con miradas que nos hablan de que sólo los más fuertes sobrevivirán a situaciones de inestabilidad y crisis. Ese no es un camino de evolución y si así lo pensamos estaremos situándonos en una sociedad mediocre que no ha comprendido nada de su capacidad de evolución, de desarrollo y del efecto de la violencia.

Tenemos el deber moral, ético y humano de cuestionar discursos que nos invitan a una posición de objetos , al caer en un determinismo extremo diciéndonos que no hay alternativas, que este sistema es la única opción posible, invitándonos con ello a olvidar que el escenario que vivimos es también una proyección y una co-construcción de los esquemas que nosotros mismos llevamos dentro y que ese fuera también es parte del adentro en cuanto nos constituye y nos va moldeando.

Tenemos el deber de cuestionar discursos que nos invitan a olvidar que cuando hablamos de bienestar humano, no estamos hablando de modas new age. Estamos hablando de capacidad de evolución, de considerar en nuestra definición de políticas y modelos , aspectos que ya han sido demostrados como factores que fomentan el bienestar y desarrollo humano desde disciplinas como la psicología, sociología, antropología, medicina entre otras ramas. Aspectos que incluso hoy se están demostrando desde disciplinas como la epigenética, que nos está mostrando cómo el entorno influye en la expresión o no de nuestros genes influyendo el estrés de forma negativa.

Diversos factores económicos y sociales nos invitan a comprender que hoy comenzamos a vivir una era en la que la inestabilidad, la desigualdad y el cambio como constante serán nuestros grandes compañeros. Un entorno caracterizado, a su vez, por la necesidad de líderes que como afirma el informe “Liderazgo 2030” de Hay Group tendrán que ser capaces de encontrar nuevas formas de generar lealtad entre los colaboradores, cada vez más diversos, y menos presentes físicamente (empresas digitales), dentro de un entorno caracterizado por la inestabilidad y los conflictos, en los cuales el bienestar de las personas, cuidado medioambiental y crecimiento económico se presentan como desafíos a enfrentar de forma conjunta.

En este sentido y pensando en el futuro, hoy , cuando comenzamos a reflexionar sobre la construcción de un sistema en el que la “Felicidad” de la población debe ser un índice a considerar en el crecimiento macroeconómico de un país, tenemos la posibilidad de ir a la base, de entender que el camino puede ser otro. Tenemos el desafío como país y personas de generar modelos y políticas que demuestren que nuestra economía y mundo puede ser sostenible, pero eso no se logrará a través del agotamiento de recursos y destrucción de nuestro entorno , el trauma , la desigualdad social creciente a nivel mundial , el empeoramiento de las condiciones laborales y de vida, la violencia al ser humano desde los modelos de crianza que sostenemos, a la forma y contenidos que impartimos en los colegios desde el punto de vista de la desconfirmación del desarrollo de nuestra singularidad, como tampoco desde de los modelos de gestión que promueven la estandarización en el mundo de la empresa y formas y políticas de administración que objetivizan al colaborador o ciudadano y además lo infantilizan.

Hablar de liderazgo es atrevernos como país a probar formulas nuevas orientadas al mejoramiento del potencial individual y social, a la generación de mayores redes y modelos económicos y de administración que resuelvan las problemáticas a las que ya nos enfrentamos y preparen a las personas para los nuevos escenarios que vienen.

En este sentido, sólo si consideramos la tendencia creciente hacia malestar y suicidio adolescente y pensamos en la importancia de la etapa de la infancia y adolescencia en las bases del bienestar , tenemos que considerar que nuestras políticas también deben configurarse como canales de cambio hacia modelos que aporten a la resolución de problemáticas sociales , primero con nuestros propios empleados y círculos cercanos.

En esta línea, no podemos olvidar que los salarios que definimos, las oportunidades que generamos a nuestros jóvenes, las políticas de conciliación que establecemos o dejamos de establecer , la extensión de las jornadas , entre otros, influyen en el bienestar de la población y en nuestra evolución como sociedad. Con respecto a esto , es importante considerar el papel que tenemos, por ejemplo, de cara al fomento del bienestar infantil y adolescente, cuando tomamos en consideración que como afirma, Jorge Barudy “en el caso del bienestar infanto-juvenil, el mismo es el resultado de un proceso, que es más que la suma de los aportes y las responsabilidades individuales de los padres y de los miembros de una familia. El bienestar infantil es también y sobre todo la consecuencia de los esfuerzos y recursos coordinados, que una comunidad pone al servicio del desarrollo integral de todos sus niños y niñas… también son el resultado de los recursos que una comunidad pone a su servicio para garantizar la satisfacción de las necesidades infantiles y el respeto de sus derechos así como promover, apoyar y rehabilitar las funciones parentales”.

Es desde este escenario que debemos preguntarnos si nuestra praxis empresarial y política está facilitando o no el desarrollo integro de nuestros ciudadanos bajo condiciones aceptables que abogan por un aumento de la calidad de vida y de un desarrollo pleno y sano.

El escenario paradojal en el que nos movemos , nos habla de un Chile que crece, pero que también corre el riesgo de ignorar aspectos claves para un desarrollo real. Un Chile que nos habla del fomento de igualdad de oportunidades en entornos donde la exclusión puede verse enraizada desde la propia ausencia de políticas y educación que la generan, un Chile que sin resolver la problemática de su identidad originaria nos habla de la identidad que debemos desarrollar como país desde lo que viene de afuera, un Chile que focalizándose en la discusión del lucro en la educación tiende a olvidar cuestionar lo que estamos entendiendo por “educación” y “sistemas de socialización”. Un Chile que sin someterse a autocritica con respecto a la generación de condiciones laborales que faciliten el bienestar de la población en el presente y futuro – jornadas laborales, políticas de conciliación, cuestionamiento real del salario mínimo, pensiones – nos habla de largas jornadas laborales, de la creación de miles de salas cunas, de jornadas escolares que se alargan y del valor del esfuerzo y el compromiso en un entorno donde los índices de estrés de la población están disparados. Un Chile que discursivamente enuncia la intención de participación ciudadana pero que al mismo tiempo no deja de temer a la creación de instancias de participación. Un Chile que sin resolver el problema estructural de desigualdad social que tenemos nos habla de desarrollo, de un Chile que no puede olvidar poner bajo lupa esta economía que tiende a la precarización y se alimenta de las faltas facilitando un sobreendeudamiento y consumo en un mundo cuyos recursos son finitos…y en una vida que también es finita.

Ese Chile del que les hablo es el que me preocupa, porque es un Chile que nos habla de lo que quiere llegar a SER sin hacer , como primeros pasos, una revisión acabada de lo que es y una actualización de los pendientes básicos que tenemos por subsanar con nuestra sociedad de forma prioritaria para realmente poder construir sobre una base fuerte que empodere al ser humano y por tanto represente la posibilidad de una economía basada en las fortalezas del mismo y en el fomento de su evolución. Si vamos a defender la vida , tendremos que pensar por tanto en que existen muchos “bien- estares” que se están ignorando.

Si diversas investigaciones nos demuestran los beneficios del fomento del bienestar emocional y pensamos el concepto de desarrollo a escala humana nos daremos cuenta de la necesidad de resignificar el mismo desde nuestra praxis diaria, a pensar si realmente hoy estamos hablando de desarrollo y qué tipo de desarrollo queremos para nuestro país. Desde mi punto de vista, considerando que el hombre es la base de este sistema, un modelo económico solo podrá ser sostenible si el mismo no es a costa de lo humano, para ello se hace necesario un enfoque centrado en el fomento de las fortalezas de las personas y no en su infantilización, renuncia y maltrato.

Dentro de este contexto de debate, es que quiero invitarte a pensar y re-significar desde los entornos en los que participamos, este concepto de un Chile desarrollado que estamos impulsando , un Chile que se inserta en un entorno global que nos dice que a nivel mundial en los últimos 50 años las tasas de suicidios han aumentado un 60% y que junto a ello nos muestra:

La innegable relación existente entre salud mental y economía: El Informe de la OMS “Efecto de la crisis económica en la salud mental de los europeos” (2011) demuestra un detrimento notable de la salud mental de los europeos desde que la crisis comenzó. Junto a ello es importante considerar que la relación entre crisis económica y salud mental es bidireccional, de tal manera que no solamente la crisis tiene un efecto negativo en la salud, sino que los problemas de salud mental también tienen una repercusión grave en el desarrollo económico. En concreto, se estima que los problemas de salud mental suponen un gasto económico del 3-4% del Producto Interior Bruto de un país.

La depresión es actualmente la cuarta causa de incapacidad laboral y en el 2020- si no se hace nada- será la segunda. Actualmente la tasa de mujeres afectadas por esta enfermedad es el doble que la de los hombres y, a su vez, ya es la primera causa de discapacidad entre los jóvenes según datos de la OMS.

El estrés laboral : En el caso de Chile, según cifras del Ministerio de Salud el 25% de la población ha manifestado sentirse estresado a lo largo de la última década. En el 2010 se presentaron más de 2 mil licencias por estrés. Este fenómeno no es particular de nuestro país, si tomamos el caso de España el mismo afecta a más del 40% por ciento de las personas asalariadas y en torno al 50% de los empresarios. Este hecho genera la pérdida de más del 10 por ciento del producto interior bruto.(INE 2011), detectándose que entre un 50% y 60% de las bajas laborales corresponden a estrés.

La violencia, la intimidación y el acoso psicológico son problemas cada vez más frecuentes : En las organizaciones y empresas europeas según el informe elaborado por la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (European Agency for Safety and Health at Work; EU-OSHA 2011), la presencia de estos problemas en las empresas y organizaciones implica para las mismas un descenso de la productividad, repercusiones negativas en la imagen de la compañía, mayor rotación del personal, pérdidas económicas en litigios jurídicos, pérdida de personal cualificado y adelanto de la jubilación anticipada provocada por incapacidad.

Suicidio: Según investigadores de la Universidad de Hong Kong los desastres económicos han elevado significativamente el número de suicidios a escala global. Un estudio en el que se analizaron las tendencias en 54 países pertenecientes a Europa, América Latina, América del norte, Asia y África dio cuenta que existía una tendencia creciente en los índices de suicidio claramente influida por los índices de desempleo. Por otra parte, otra investigación realizada por la Universidad de Oxford revela que al menos 10.000 personas se han quitado la vida producto de la crisis económica entre los años 2008 y 2010, observándose a su vez que la crisis ha provocado un empeoramiento de la salud mental. Factores como la pérdida de trabajo, el endeudamiento, los desahucios, entre otros, serían aspectos que influirían en estas lamentables estadísticas.

Frente a este escenario, creo en la posibilidad de cambio que podemos impulsar si comenzamos a comprender que la Responsabilidad Social de nuestras organizaciones debe hacerse eco, en primer lugar, del impacto de su propia gestión interna de cara a la vida de sus trabajadores y de cara al efecto de sus prácticas en el entorno que habitamos.

Creo que no caben dudas de que hoy nos enfrentamos a la necesidad de generar nuevos marcos de entendimiento, siendo la Responsabilidad Social Humana © un gran desafío de continuidad para lo que hasta ahora hemos entendido como el movimiento por la vida sostenible y de respeto al medio ambiente desde la RSE o RSC.

Hacer este giro desde los entornos que construimos diariamente no será fácil, pero tampoco resulta una utopía cuando consideramos que son muchos los estudios que señalan los efectos positivos de un buen clima laboral como condicionante de un alto grado de productividad, como también aquellos que dan cuenta de los efectos positivos que se pueden lograr cuando las personas tienen acceso a experiencias relacionales y laborales que les permiten sentirse bien y desarrollarse. Tenemos un desafío por delante, apostar por la vida.

Alejandra González Muniz
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