Columna: Chile:¿Cómo vamos a producir si estamos cansados? ( Alejandra González Muniz. Revista Valora)

Hace unos años formé parte de la Comisión Nacional para la Racionalización de los horarios españoles, estando ahí me dedique a impulsar tanto en el mundo de la empresa como a nivel institucional y civil la importancia de una mayor conciliación y equilibrio en nuestra vida personal, familiar y laboral.

Dicen por ahí que lo caminado nunca es en vano, y más allá de los aportes que realice en este país en torno a este tema, me siento con la responsabilidad  de  comenzar  esta columna trayéndote  los aprendizajes de otros lugares al observar que a día de hoy Chile ocupa el 5to lugar de los países de las OCDE que más horas trabaja, y      en el 2º lugar en baja productividad, sólo superado por México. Con respecto a este último punto,   cabe destacar que como señala la OCDE los índices de productividad son 40% inferiores a los de economías desarrolladas, mostrando una mayor caída en los últimos 15 años. Pero no es sólo nuestra productividad lo que debe ocuparnos, estos resultados se ven acompañados de un empeoramiento de la salud y bienestar de los trabajadores de nuestro país.

Esta posición que nos habla de desequilibrio tanto desde el mundo de la empresa , como desde las personas,  nos puede estar hablando de una cultura laboral marcada por la creencia de que la dedicación a un mayor número de horas asegura una mayor productividad, aspecto totalmente erróneo y que nos puede llevar a perpetuar culturas que no destaquen por su  grado de eficacia y eficiencia en términos de resultados empresariales y menos por el bienestar de las personas.

La experiencia nos dice que España aún siendo uno de los países que dedicaba mayor número de horas al trabajo presentaba  los índices más bajos de productividad, observándose a su vez que aquellos países europeos que habían tendido a una disminución en sus horarios mostraban un aumento de la misma, ligado a su vez a mayor bienestar en la población. Pero no sólo eso, el desequilibrio en las jornadas implicaba una repercusión en la salud y bienestar de los padres que trabajan ( por dificultad en la compatibilización de roles, por tanto hablamos de impacto en próximas generaciones) y un agotamiento sostenido en las nuevas generaciones.

Estos aspectos que comento, no son solo exclusivos de la UE,  son diversos los estudios que  han dado cuenta de las consecuencias que  las dificultades de compatibilizar nuestros diversos roles  pueden conllevar, entre ellos destaco el deterioro de la salud de los padres que trabajan, un mal desempeño de la función parental, ansiedad, depresión, problemas psicosomáticos (Frone et al, 1997), insatisfacción en el trabajo, menor rendimiento y compromiso con la empresa, mayores niveles de rotación y absentismo (Greenhaus y Beutell, 1985).

En este sentido, promover un uso eficaz del tiempo a través de prácticas que fomenten una mayor conciliación, se convierte en un aspecto clave cuando consideramos que unos horarios poco racionales repercuten en el rendimiento del trabajador, causando cansancio, estrés, ansiedad, y tienen como resultado la falta de productividad y competitividad no solo en su vida laboral , sino también personal y familiar. Junto a ello se ha observado que el exceso de trabajo, el estrés y a ansiedad repercuten en nuestra capacidad de conciliar el sueño y tener un descanso reparador , lo cual tiene efectos en la concentración, la memoria,  la organización del trabajo, la creatividad, los índices de accidentabilidad laboral o doméstica , la salud mental, entre otros.

A diferencia de lo anterior, entre los beneficios de culturas empresariales que fomentan la conciliación se ha observado un aumento del compromiso de sus empleados, descenso de la tasa de rotación y absentismo, mayores índices de satisfacción y aumento de la productividad. Destaca por ejemplo el caso de la mayor empresa energética española, Iberdrola, quien fue la primera empresa del IBEX 35 en implantar la jornada continua. Entre los resultados que obtuvieron destacan:  incremento su productividad en medio millón de horas, reducción de los índices de accidentalidad y absentismo en un 10%, y un aumento del orgullo de pertenencia.

Es así que la conciliación nos plantea una posibilidad de ganar-ganar tanto a empresarios como a trabajadores, porque flexibilizar las jornadas laborales redunda en trabajadores más contentos y productivos, y en este sentido puede ser una respuesta permanente para que el estrés de nuestros trabajadores disminuya,  potenciemos la calidad de vida , y  disminuyamos  el impacto que a su vez nuestros horarios están teniendo en la crianza y en el desarrollo de las próximas generaciones.

El logro de  la conciliación de la vida personal , familiar y laboral tiene como pilar central la implantación de medidas de flexibilización y racionalización de horarios , ya que el  tiempo que dedicamos al trabajo aparece  actualmente como la estructura desde la cual se está organizando nuestra vida y relaciones , lo cual puede abrir o cerrar posibilidades de evolución positiva para nuestras sociedades, empresas y personas. El establecer políticas de conciliación nos acerca no sólo a atraer a los mejores y a las nuevas generaciones – la conciliación aparece dentro de los primeros factores de atracción de talento a nivel mundial- , sino que también a tener como colaboradores a los mejores comprometidos, satisfechos, completos  y equilibrados, generando un impacto positivo a su vez en los entornos que participan.

La función de la empresa como agente de cambio social es hoy en día clave, en el sentido de que promover este tipo de prácticas dentro de la organización traerá repercusiones positivas tanto para las personas, para las empresas, como a la sociedad. Con respecto a este punto ,  sólo hace falta observar  las experiencias  de países como Francia, Holanda, Alemania y Países Nórdicos, entre otros, que han hecho posible a través de la instauración de prácticas que fomentan la flexibilidad el comenzar a enfrentar  de forma satisfactoria tres aspectos fundamentales: Mayor incorporación de la mujer al mundo laboral, aumento del índice de fertilidad, y una mejora en la productividad.

Si queremos revertir las tendencias anteriores, promover la inclusión en nuestra sociedades y el aprovechamiento de nuestro capital humano, tenemos que considerar que lo mismo demanda una adaptación de las políticas que por un lado apunten al fomento de la co-responsabilidad y al mismo tiempo no promuevan diferencias en el acceso al trabajo producto de los roles tradicionales que han ejercido hombres y mujeres.

Flexibilizar las jornadas puede facilitar que disminuya el  conflicto entre la necesidad de compatibilizar el trabajo y la familia, entre la vida profesional y personal, entre la necesidad que muchas personas tienen de desarrollarse profesionalmente y personalmente. En este sentido no podemos olvidarnos de la reflexión que nos invita a hacer Nuria Chinchilla, experta española en temas de Conciliación: “¿Cuándo se compromete la persona? Cuando la tratas como un ser humano integral”

Alejandra González Muniz.

*Artículo publicado en Revista Valora. Chile, 2016.