Por una responsabilidad Social Humana (Alejandra González M. Wall Street International)

Si el ser persona es lo que verdaderamente cuenta, no sería tan nefasto el que hubiese diferentes clases, pues por encima de su diversidad y aun en ella, sería visible la unidad del ser persona (…). Se trata, pues, de que la sociedad sea adecuada a la persona; su espacio adecuado y no su lugar de tortura.

(María Zambrano, 1958)

Parece ser que el sufrimiento presente en la historia del mundo no nos bastó, como tampoco nos bastó una declaración de los derechos humanos como base única y central desde la que construir un nuevo modelo al servicio de las personas. Hoy, en pleno 2017, en el mundo, se realiza más inversión en sostener sistemas económicos que en defender y fomentar la vida para construir desde ahí una economía humanamente sostenible que nos permita seguir evolucionando como especie, al menos yo entiendo que este aspecto es el fin último de nuestra supervivencia.

Intento mirar el mundo un poco desde arriba, como si ojalá pudiera salirme de él y observarlo con distancia, por un segundo, y mientras hago ese ejercicio, pienso que este texto que puede ser una locura no me parece más loco y sangrante que el escenario de dolor desde el que lo escribo, un escenario de riesgo de guerra mundial en el que estamos dejando que un grupo de personas puedan cambiar para siempre y una vez más el futuro de nuestra humanidad, destruyéndonos, personas que a la evidencia de cualquiera representan un riesgo para nuestra supervivencia y evolución, pero que en algunos casos han sido elegidas democráticamente.

Sí, así de absurdo, hoy, en pleno 2017, el trabajo que más impacto puede generar en la vida de las personas y en nuestra evolución no considera someter a un filtro de salud mental a cualquiera que quiera ser candidato a político, aun considerando que hoy por hoy, y a nivel global, en sus manos está la vida de personas de sus propias naciones y del mundo.

Lo escribo en medio de la desestabilización de economías locales y destrucción y precarización de trabajo, lo escribo en medio de bombas químicas, de refugiados, lo escribo en medio de índices crecientes de xenofobia y homofobia, lo escribo en medio del aumento creciente de índices de violencia, suicidio y depresión, lo escribo en medio de corrupción, vulneración y atropello profundo a los derechos humanos… lo escribo en medio de escenarios de violencia normalizada.

Mientras voy dibujando este triste escenario en mi cabeza, recuerdo el cuadro de Dalí del niño geopolítico viendo el nacimiento de un mundo nuevo. Una vez más desde la brutalidad del dolor y las guerras como argumento, pienso, para luego reflexionar que la violencia y la guerra como empresa no se va aminorar ante nuestro dolor y silencio, no se aminora porque sabe que a la larga los beneficios serán económicos. No se aminora porque cree en el camino de los traumas y el dolor como mecanismo de control. No se aminora, como no se aminoran aquellos discursos que nos hablan de que la economía tiene ciclos y que sólo sobrevivirán los más fuertes. Todos provienen de la misma lógica y raíz, un concepto de lo humano como utilitario subyacente a la brutalidad de un paradigma que lo está matando.

¿La era de los más fuertes?… “

Para continuar leyendo pincha aquí, artículo publicado en Wall Street international Magazine : http://wsimag.com/es/economia-y-politica/25303-por-una-responsabilidad-social-humana